Buenos días a todos:
Los tributos y la crisis, dos conceptos totalmente opuestos y que son actualidad por las circunstancias actuales.
Estamos pasando por una de las peores crisis económicas y financieras que recuerde: aumento de los despidos, tres millones y medio de parados, empresas que cierran, autónomos que se dan de baja, etc.
Las medidas de nuestro Gobierno ha sido la inyección de liquidez a los bancos para su predistribución a las empresas pero, ¿donde está ese dinero? Vox populi afirma que ha servido para refinanciar a las entidades bancarias quedando, como siempre, los empresarios con el "culo al aire".
Los tributos, chiquita pesadilla. Con los millones de euros que nuestro Gobierno ha intentado paliar la crisis entregándoselo a los bancos, es obvio que de algún sitio los ha tenido que sacar y ¿de dónde? Es obvio que de los contribuyentes.
No quiero decir que hayan incrementado los tipos de gravamen ni que hayan creado tributos nuevos sino que no se ha tenido encuentra a la hora de pagar los mismos la situación actual y, sobre todo, la falta de liquidez de las empresas. Es correcto que existen los aplazamientos y fraccionamientos pero ¿para quién? Nuestra querida AEAT ha abierto el baúl de los recuerdos y se están dedicando a enviar cartas por doquier con requerimientos buscando el euro hasta debajo de las piedras.
Antes de que piensen que la función de nuestra querida AEAT es esa, me explico: es correcto que todo contribuyente debe cumplir con sus responsabilidades ante el Tesoro Público y la Seguridad Social porque de esas recaudaciones surge la redistribución de renta para poder acometer las inversiones que el Gobierno tiene previstas.
Las empresas se encuentran con el gran problema de la liquidez: independientemente de los costes fijos las empresas deben producir día a día para poder obtener un producto final y venderlo; o deben comprar productos para poder revenderlos, o deben de prestar servicios para poder facturar. El 90% de las empresas dependen de la financiación ajena para poder acometer los pagos a proveedores y hacer frente a sus gastos, tanto fijos como variables, y se encuentran con el hecho de que las entidades bancarias han cerrado el grifo: no conceden préstamos ni hipotecas y la renovación de cualquier póliza se ha convertido en una meta inalcanzable.
Ante esta situación las empresas se encuentran sin un duro y comienzan a no pagar a sus proveedores, a no poder pagar los sueldos y salarios, a despedir al personal, a endeudarse con Hacienda y la Seguridad Social porque no pueden hacer frente a los pagos, hasta que llega el momento que deben de cerrar.
Si los proveedores no cobran de sus clientes tampoco podrán pagar a sus propios proveedores por lo que entramos en un circulo vicioso donde nadie cobra y por lo tanto nadie puede comprar porque no tienen dinero para poder pagar y ya se han encargado los proveedores de bajar en nivel de riesgo de las empresas.
Todo ello nos lleva a despidos que incrementan el paro, que no se cotiza a la seguridad social, las cantidades a pagar por el INEM en concepto de paro han incrementado casi en progresión geométrica, los parados no gastan por la incertidumbre de la crisis, no hay consumo, no hay actividad empresarial, cierre de empresas, etc. Pero, los tributos siguen siendo los mismos.
Las empresas no pueden pagar las cuotas de la seguridad social ni las obligaciones trimestrales.
La Seguridad social, por ahora, parece que es consciente de la situación y mantiene los impagos sin ahogar a los empresarios. En cambio, nuestra querida AEAT ha sacado del baúl de los recuerdos todas las incidencias para con el contribuyente y nos están inflando a cartas, requerimientos, providencias de apremio e incluso embargos.
Es decir, la ayuda que el empresario ha recibido en esta crisis es la refinanciación de los bancos por parte del Gobierno, el cierre de financiación ajena para las empresas y la apertura del baúl de los recuerdos.
Es correcto que todos debemos de pagar, que debemos estar al corriente tanto con Hacienda como con la Seguridad Social, que de esos pagos, en teoría, deberíamos de salir todos beneficiados, pero de vez en cuando debemos de bajar del despacho, planta cinco, a la calle y ver qué es lo que ocurre, qué le está pasando al empresario y cómo podemos ayudarle.
En vez de inyectar dinero a los bancos, deséenlo a las empresas: bajen el porcentaje de cotización a la seguridad social, bajen el tipo de gravamen del Impuesto sobre Sociedades y del IRPF, financien el combustible, bajen las tasas en concepto de basuras, IBI, obliguen a los bancos a que refinancien pólizas, créditos e hipotecas y sino, tenemos un bonito Banco de España, que lo hagan ellos. Los bancos viven de nosotros, de lo que nos roban en comisiones e intereses de demora .Si nos dan otra alternativa se verán sin clientes y deberán abrir el abanico, pero, como siempre, las pocas empresas que obtienen beneficios son las entidades financieras.
Y mientras tanto, los empresarios, sin poder pagar las cuotas a la seguridad social ni los impuestos, endeudándose hasta las cejas y viéndose obligados al cierre, habiendo perdido una vida de trabajo.



























